En los jardines de Versailles

En los jardines de Versailles

Muchos proyectos fotográficos han nacido de la observación de lo doméstico y ordinario.  En este contexto de una percepción fotográfica, me parece sin embargo, que los viajes permiten desterritorializar la mirada y potenciar el flujo de nuevas ideas. Esta serie menor da cuenta de una relación familiar en viaje : la madre que es observada por su hijo acompañante por los jardines de un Versailles.

Deconstruyendo la cirugía estética

Deconstruyendo la cirugía estética

«Cirugía a la estética distinta»

La serie presentada por Daniela Bertolini se posiciona de forma intersticial respecto a la práctica quirúrgica en un caso de cirugía estética. Indudablemente, en esta práctica médica la paciente ha elegido la intervención con un fin corrector de su apariencia. Lo cautivante es la operación de la cámara: en un primer momento, fragmenta y detiene  en primeros planos las manos enguantadas de médicos. La luz cenital y focalizada (propia de los quirófanos) hace que estas extremidades emerjan sin solución de continuidad sobre un fondo negro llevando al espectador a percibir la situación como si de una escena se tratara. Este efecto lo describiríamos como de coreográfico. ¿Una danza que recupera los movimientos invisibles de la fina psicomotricidad médica? Puede ser. La alta connotación plástica que tienen estas imágenes abre la posibilidad del diálogo con otras obras visuales y no extraña entonces que la autora se haya referido a Rembrandt para hacer alusión al dominio de la luz sobre la anatomía. Estos densos claroscuros nos recuerdan también los artilugios maestros de Caravaggio para quien la luz debía presentar a los objetos de una manera viva de tal forma que el espectador se sintiera dentro de la escena misma.
A modo de segundo acto, y como una lección de política, la cámara de la autora continua con rigor fotográfico exponiendo las operaciones de poder sobre el cuerpo de la paciente. Estas acciones de cortar, remover, vaciar, trasladar, llenar y coser ponen en perspectiva lo que la publicidad niega a cada instante: que el cuerpo humano puede transformarse en un campo de batalla, y que la lucha por la imagen obdece a menudo a operaciones «descarnadas».

Mauricio del Pino Valdivia.

«C.M/C.M (Yo es otro)»

«C.M/C.M (Yo es otro)»

La importancia de llamarse Cristian Maturana

«Yo es otro» o «Yo es un otro», la frase de Arthur Rimbaud «Je est un autre» extraída de una de sus Cartas de un vidente escrita a los 16 años, cumplió para su autor la función de separar el ser del hacer o percibir de ese mismo ser; como Rimbaud mismo lo ilustra, separar de la trompeta el bronce de la trompeta. La conciencia es una y debe saber escindirse de lo otro que acumula los contenidos de la identidad, la actitud y la conducta. Al asumir esa otredad dentro de sí mismo, el poeta despliega una libertad sin límites ya que la responsabilidad que la cautela es inmanente a quien ejerce dicha libertad.
Cristian Maturana citó la frase de Rimbaud en una exhibición previa en Bogotá de parte de los 19 retratos que ahora expone en Valparaíso y luego en Santiago, donde la ocupa de título, en una utilización que pareciera prescindir del significado subyacente para quedarse sólo con la literalidad de la frase, pues ella le basta y sobra para aludir a su trabajo. En éste, sin más, el ‘yo’ es el nombre –Cristian Maturana– en tanto el ‘es otro’ son todos aquellos que, desde sus diversas proveniencias y destinos, llevan dicho nombre sin ser el mismo ni él mismo, el autor. Limpiamente, el título enuncia la paradoja de un identificador de orígenes cristiano y vasco de extendida diseminación, y la unicidad excluyente de cada uno de sus portadores en común, paradoja que constituye la clave del proyecto de Cristian Maturana el autor.

Todas las connotaciones implícitas, desde la banalización de un nombre que portan tantos como los que aquí vemos y tantos y tantos más que no vemos, hasta la antojadiza diversidad y frecuente desigualdad de una existencia que reparte largamente aspectos físicos, oficios y devenires, quedan resueltos con la frase «Yo es otro».
No obstante, ello sólo acota, no involucra a nadie; pasa lista –19 Cristianes Maturana dicen ‘presente’ y dan la cara– pero no da cuenta de sus reojos, sus temblores y sus suspiros. Hasta que nos devolvemos al sentido de la frase de Rimbaud, más allá, más acá de su enunciado formal. Y éste nos aguarda, silencioso pero latente, como el papel mural sobre el cual Cristian Maturana el autor ha dispuesto a sus homónimos. Es el verdadero ‘es otro’ o ‘es un otro’, cuya existencia y reconocimiento despliega la libertad a ultranza del poeta. Cada CM se desdobla entonces y empieza a bailar su música irrefrenable por los vericuetos del empapelado floreado que alguna abuela hipotética de Cristian Maturana el autor –la abuela de todos y cada uno de los CM presentes y de todos y cada uno de los CM aludidos, por miles– les ha guardado estos años para su solaz infinito.

Mario Fonseca
Santiago, julio de 2008

Siluetas Ideológicas

Siluetas Ideológicas

El gesto en política suele presentar una asimetría en relación al discurso oral de los propios políticos. Los medios se centran infructuosamente sobre los contenidos explícitos del discurso y no pueden o no deben gastar tiempo en leer la organización y estructuración de la kinesia en la creación propagandística, el «paratexto» del relato.  Esto no impide que busquemos las microeconomías que la hacen posible. Como decía Godard, «es un trabajo» al que debemos tenerle mucho cariño para poder visualizarlo. Por otro lado, el gesto en la política y en la empresa quizás no ha sido explorado de forma tan atrayente como lo ha hecho Antoni Muntadas.

Volviendo al Lago Ness

Volviendo al Lago Ness

Podríamos pensar que existe algo así como un «Imaginario del Lago Ness». Esta pequeña serie está basada en la morfología plástica de aquellas imágenes que una vez nos golpearon como procedentes de las profundidades del lago escocés.

Un patrón característico de estas imágenes respondía al hecho de que se nos presentaban de la forma menos clara y definida posible, generando la sensación de que toda mirada sobre el más allá debe su encanto no tanto al objeto percibido en sí como a la imagen misma de la percepción, es decir, lo poco definido.

Claro, el cuento es que después se supo que no había ningun animal prehistórico y que las imágenes que todos adorábamos (como preciosos fragmentos de lo Desconocido) no eran sino el producto del aburrimiento juvenil en aquellas latitudes tan lejanas. Eso nos pasa por ser tan poco iconoclastas!

Algunas anécdotas técnicas de este trabajo: los archivos originales corresponden al registro de un lobo marino merodeando en Caleta Portales. Las fotografias pasaron por una serie ecléctica y desmesurada de cambios de resolución y calidad, interpolación y efectos de filtro digital.

La famosa fotografía obtenida por Wetherell

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La afamada fotografía de esta criatura obtenida por Wetherell y que durante mucho tiempo se consideró como la prueba del Monstruo del lago Ness; fue confirmada como un engaño por las confesiones de Chris Spurling, yerno de Marmaduke Wetherell, en su lecho de muerte. Spurling afirmó que dicha fotografía, la cual inspiró un gran interés popular por el monstruo, era en realidad un montaje de arcilla pegada a un submarino de juguete. Wetherell, uno de los grandes cazadores, había sido convencido falsamente para buscar a un monstruo imaginario en los alrededores que resultó ser una broma de niños, lo que provocó que fuese ridiculizado públicamente por “Daily Mail”, el diario que lo empleó. Por consiguiente, Marmaduke Wetherell realizó una broma para tomar venganza, y trabajó en esta con Chris Spurling (su yerno según lo mencionado) quien era un especialista en la escultura, Ian Marmaduke (su hijo) quien compró el material para el Nessie falso, Maurice Chambers (un agente de seguros) quien llamaría a Robert Wilson (un cirujano) que publicara las fotografías.
Sin embargo, Mucho antes de las afirmaciones de Spurling, otros ya habían declarado falsas las fotografías, y han sugerido que la fotografía podría corresponder a una nutria o alguna especie de ave acuática. Sin embargo, a pesar de las confesiones de Chris Spurling, algunas personas todavía creen que son reales las fotografías, argumentando que el hecho de mostrarse dos fotografías que representan dos poses ligeramente diferentes, sería una evidencia en «contra» de una broma. Pero los retractores, entre ellos personas dedicadas al análisis de fotografías, indican que este hecho no es válido para descartar el fraude, ya que esas fotografías pueden ser realizadas de múltiples formas. Información obtenida en: http://es.wikipedia.org/wiki/Monstruo_del_lago_Nes